Habitar la Luz

Texto y fotografías para el libro HABITAR LA LUZ, LA OBRA DE GABRIEL NUÑEZ.
Editorial Ágata.
Editor: Guillermo García Bedoy.
Guadalajara. 2002

descargar Descargar texto

Familia Ochoa Tapalpa

Airosa sobre la punta de una colina, orgullosa de sí misma, con sorpresas cada que se traspasa un umbral, cada que se abre una ventana, que se accede a una terraza, esta casa gravita en torno a un patio con cítricos que da más aire y luz a las habitaciones. Casa delineada con adobe, a la manera tradicional, techos que nos hablan de técnicas antiguas, vigas de madera, ladrillo de medio pliego, tejas de barro cocido.
Tiros de chimeneas que retan al cielo, que lo horadan y lo sostienen como columnas de las nubes, como bocas del humo que antes ha sido calor para una estancia.

Casa de recovecos y aristas, de perspectivas desplegadas con el predominio de volúmenes ortogonales y planos inclinados. Casa de vanos desconcertantes, donde cada fachada es única y es conjunto armónico, donde no existe repetición sino diferentes sonidos acompasados en una sutil melodía construida. Casa de muchos gestos y un solo rostro, de múltiples lecturas. Casa de matices luminosos, de pequeñas terrazas que muestra vistas inéditas, espacios para perder la mirada sobre el paisaje y la presa que destella a lo lejos, casa que habita una colina donde descansan muchos sueños. Casa para aislarnos del bullicio cotidiano que aqueja a los seres urbanos.

Casa erguida en su honestidad, sin dobleces, pero con la marca del misterioso ingenio de su creador manifiesta en el acomodo de sus espacios y en lo inesperado de sus proyecciones hacia el exterior siempre inédito, casa apacible y serena, casa edificada en paz con el universo.

Familia Plasencia Núñez Tapalpa

Es esta una obra de misticismo festivo, con claras reminiscencias a la arquitectura monacal mexicana, pero al mismo tiempo, en diálogo permanente con el sol. El patio interior, al que se accede por un zaguán arrancado de una vetusta casa de Tapalpa, no sólo es un espacio propio para la reflexión y la confesión con el cielo de testigo, es también el espacio que se encarga de inmiscuir al sol en la vida familiar.
Casa morena, de adobe oscuro, contrastando contra los verdes encendidos del bosque de pinos y tejocotes. Hogar de espacios serenos y apacibles como la estancia familiar bajo un artesanal techo a dos aguas que se extiende en una diáfana terraza que enmarca vistas largas y amplias sobre un rotundo valle. Donde el comedor es espacio que sostiene un espléndida bóveda de ladrillo al estilo de Lagos de Moreno. Las recámaras de los niños se crecen en tapancos que les dan un coherente espíritu lúdico. Y resulta de lo más sugestivo que como remate de la torre, como atalaya de esta obra, se encuentre un pequeño cuarto que parece para un cámara de benigna penitencia, un lugar para recluirse a meditar.

Es en definitiva una obra coherente en su ser albergue, refugio, templo, mirador, lugar de juegos y de recuerdos. Casa abierta en su centro, cerrada en sus habitáculos, vertida hacia el paisaje, cerrada en sus postigos, luminosa en lo público, recogida en lo privado, morada para orar y para reír, para pedir a Dios y dar a los semejantes. Vivienda noble y ennoblecida en su permanente diálogo de lo terrenal y lo divino.

Álvarez Bermejillo Playa

La angustia del paraíso perdido se esculpía cada vez más hondamente en el hombre.
Como también el deseo y la esperanza del jardín recuperable.
Nicolás Ma Rubió y Tudurí

El jardín es un vínculo territorial y sensorial con nuestra infancia, como individuos y como especie, nos remonta al paraíso, pero también a la mirada complaciente del abuelo. El jardín es el reducto de nuestros recuerdos tanto personal como colectivamente y es a su vez la posibilidad que como humanos tenemos de futuro.

La edificación que se entiende como un ámbito domesticado dentro de la naturaleza que le rodea y le da sentido. Esta obra se concibe y diseña desde el jardín, teniéndole como centro y generador visual de sus recintos, siempre cambiantes como la vegetación misma. Las estancias cubiertas bajo un manto de palapa simplificada a lo más expresivo de su estructura visible, como una lección de ingrávida arquitectura; habitáculos agarrados al interior como extensiones del exterior.

Espacios de un mesurado lenguaje formal, hechos con lo indispensable, de una intencionada sobriedad, que dan muestra de lo mucho que la arquitectura puede ofrecer de quietud al hombre cuando está hecha con la humildad y la certeza de ser lugar para el reposo y el descanso. Esta casa es un acercamiento a lo que de paraíso tenemos aún en la tierra, es una muestra del oficio del arquitecto que sabe deletrear con su obra un nombre distinto para definir la paz que una casa debe brindar a sus habitantes cuando esta deviene de un jardín.

Areka Playa

Esta obra, tan excepcional en su manera de entender la propuesta de ser casa vinculada al mar que esencialmente le da valor, demuestra los notables esfuerzos del creador por encontrar nuevos símbolos en la arquitectura de siempre, hacer nuevos asideros de una diferente cultura sobre un patrón tradicional, reflexionar la arquitectura flexionado los espacios, retorciéndolos hasta extraerles un nuevo jugo, fresco y revitalizador.
Morada cándida en su conceptualización y sobria en la tensión de los deseos que la definen, trabajada desde la imagen formal de un propio, original y armónico caos.

Es una ejecución hecha con desenvolvimiento, desde la euforia y la sobreabundancia tan propias de estos parajes donde es vital resaltar la relación fluida, donde parecería que el viento nos mostrara el camino, entre las estancias, el comedor, las terrazas de palapa, el jardín, la alberca y el horizonte, parecería que todo es un mismo espacio, diferenciado tan sólo por sutiles contornos de cristal, de luz o de aire, donde todo es hogar y es medio ambiente, donde el hábitat es la cercana sensación de estar vivos y ser creación en movimiento.

Mas que diseñada esta casa está cocinada, concebida para ser degustada, para ser paladeada. Hecha con esmero y amor, afincada en el detalle, como se hace la cena de navidad, como se sirve a los amigos el vino predilecto, como se entona una canción a la mujer amada.

Plasencia Moeller Playa

Adosas sobre la escarpada ladera de una colina rebosante de palmeras que nace en el chocar de las olas sobre una masa de piedra, esta obra tiene la grácil virtud de tocar la tierra con lo mínimo, ingrávida y sutil arquitectura que no se implanta como agravio sobre el terreno, sino que, más bien parece flotar, ligera y diáfana al gusto del territorio que la alberga. Arquitectura que entiende de gestos tenues y no necesita de grandes aspavientos para ser y hacer espacio, que se deleita con lo básico, con lo esencial, con lo que habrá de permanecer; lo atemporal.

Ventanas que se hacen terrazas paridas por el mar, con sutiles pérgolas que dibujan en una trama el juego cotidiano de luces y sombras. Balcones cubiertos, protegidos del sol con gráciles tejados. Columnas de troncos descortezados, materiales vivos que vivifican. Muros blancos y salinos sin distracciones, materiales empatados con el paisaje. Azoteas útiles para estar y contemplar, para buscar el recuerdo perdido en la cadencia del cielo. Una alberca que mansamente incita a ser agua y frescura.

Obra que resuelve con arte varios difíciles retos, una agreste topografía, un especial programa de necesidades para una familia compuesta de varias familias, una casa que sumara su propio carácter al del sitio, todo esto trenzado en la necesidad expresiva de un inquieto arquitecto.

Las Alamandas Playa

Colores que presumen una apasionada fascinación, que nos envuelven en una carnalidad plácida y que van entreabriendo sobre los muros la más imantada atracción de las luces y sombras.

En este conjunto arquitectónico existe un descarado coqueteo de las formas construidas con las naturales, un roce casi impúdico del horizonte con los espacios, de la vegetación con los andadores, paramentos y tejados. Fuentes y arcos casi coloniales en plena galantería se relacionan con celosías de varas domeñadas, con rústicos troncos de árboles que muestran sus fuerzas sosteniendo largos techos de teja donde moran muebles tradicionales de fonda. Eclecticismo sin prejuicios, emparenta cenefas y soles de piedra bola con cerámicas y ladrillos, palmeras, obeliscos y bungabilias con nopales y cactus.

Aquí se logra algo que rara vez se da, pero que es del todo deseable en la arquitectura: desde la sencillez y el mínimo de ornamento llegar a un barroquismo de los sentidos, a una exhuberancia de estímulos que hace de quien vive el espacio un invitado a una erupción de destellos, a una algarabía de colores, a un espectáculo de luz y sonido con la quieta presencia del mar como testigo.

Esta es sin duda una de las obras de playa más logradas de Gabriel Núñez, de los momentos más sublimes que vivió como creador de esta arquitectura informal y lúdica y que es a la vez el resultado de un trabajo serio y profesional, de un conocimiento del medio y de la tradición constructiva y expresiva de los pueblos de playa. Es esta obra un homenaje y un reconocimiento a la arquitectura vernáculo de México, al paisaje, al clima.

Familia Vergara Jasso Playa

Gabriel Núñez era uno de los pocos arquitectos que construía formas con base a la geometría mas óptima de los materiales, que unía al ladrillo con la poesía, que demostró, a través de sus obras, que un espacio es en mucho la manera en que esta hecho. Que no sólo hay que apostar a la estética por sí misma ni bombardear solo a la percepción, sino también a la inteligencia, al sentido de la armonía, al equilibrio tanto compositivo como constructivo.

Llama la atención el sitio preponderante que la piscina toma en el conjunto, al ser la antesala del horizonte es también el preludio de la casa, base de la palapa que alberga a los espacios públicos que contonea los jardines, que demarca los volúmenes. Parece como si de este cuerpo de agua salieran los trazos que definen la diversa agrupación de volúmenes, la reciedumbre de las habitaciones matizadas con sus aéreos balcones adosados, la tenue arquitectura de la gran palapa contrastada con la sólida fijeza de los muebles de material. El diseño de piso sigue el regocijo de la piscina, remarcando sus intenciones, formando solaces geometrías.

Con esta casa el arquitecto introduce al viento como artesano de la obra, al mar como configurador de las formas, pone a los materiales en movimiento perpetuo logrando una obra inquietante pero serena, de divergencias y fulgores.

Rodocanachi Playa

Casa que nos sitúa en otra de las características definitorias de su autor; es una obra que tiene mas hallazgos que búsquedas. Dotado de una genial intuición y de un respeto casi irrestricto por los productos de esa intuición, Gabriel Núñez deja fluir su imaginación de una frenética manera por los cauces que el programa y el sitio definen. Establecía de muy clara manera requerimientos, marcos y vertientes por los que debía de trabajar, pero después era su instinto quien dictaba el proyecto; la intuición era la vanguardia de su hacer arquitectura. Quizá por eso su obra demuestra tanta alegría y procuran espacios tan propios para la dicha, que no para el grito y la algarabía que en esta sociedad del estruendo parecen ser los parámetros en que se demuestra la felicidad. El suyo, el que buscaba y expresaba era un júbilo sosegado, más cercano a la plenitud que a la euforia.

Casa que es placidez, es mar en calma, es cielo azul y brisa suave. Sus formas son geometría armónica, balance de escalas y proporciones. Orgullosas y silentes bóvedas de ladrillo, reposados techos de teja, palmeras de viento alegre. Corredores amables, terrazas conversadoras, miradores sinceros, estancias bienhechoras. Recintos sin prejuicios y sin prepotencias, lugares para dejarse llevar, para entregarse al recatado murmullo que musitan sus paredes.

Carlos Moreno Playa

Obra que denota una acuciante disposición por ser más parte del mar y más parte del cielo que de la tierra donde se asienta, muestra de ello son el gran número de terrazas, vanos y balcones que se abren buscando el rumor de las olas y el paso cansino de las nubes. Vivienda de amplitudes distribuye sus cuerpos siempre deseando la súbita caricia de la marina brisa, avienta sus volúmenes en pos de la arena y su salino humor.

La terraza de planta alta, que une dos cuerpos de habitaciones, tiene la apostura de ser elemento indispensable en la composición de las fachadas, pero además, remanso para recibir al día con ojos somnolientos, es la transición entre la protectora oscuridad de la recamara y la deslumbrante claridad del exterior. Terraza que precede al día y al sol, terraza que anticipa. En cambio, la terraza de planta baja se disfruta ya instalado de pleno en el día, en plena vivencia y convivencia, es una terraza para la fiesta y el compartir, un espacio franco para la charla y el reposo, para la contemplación. Con tumbonas de material, que hacen las veces de informales camas anticipatorias del sueño, esta terraza anuncia desde la claridad del día el espectáculo de la noche, lugar para ver esfumarse al día en destellos rojos, preludio de los sentidos de la nocturnidad.

Sofía Moreno Playa

La luz es la protagonista de esta sutil casa, la luz y sus matices. El claroscuro, la semi penumbra, la media sombra, la penumbra. La luz como la delineadora de los contornos que dibujan contra el cielo las formas. La luz como anunciante de los fulgores internos esbozados en la textura que se recorre al seguir el movimiento de una palmera contra un muro que esconde un hogar.

La luz que va delimitando lo público y lo privado de la casa como distintas tramas entrelazadas que van creando la urdiembre que conforma el recinto; de la intensidad del jardín, pasando por la frescura medio sombreada y aireada de una terraza, a la luz que se diluye en el estar y en las recamaras es ya la semi penumbra quien impera.

Obra de una sensualidad vibrante, llena de un profundo goce por la vida, de una actitud abierta hacia las caricias que los elementos naturales nos brindan como regalo cotidiano. No es esta una casa para proteger del exterior, es para convivir con él, para hermanarse usando los sentidos, sintiendo. Por eso, los muros son sólo un pretexto para demarcar territorio, por eso ceden gustosos el paso a los cristales, a la apertura, a las terrazas que nos dan la certeza de estar cercanos al sol, a la vegetación, al viento. Por eso es una arquitectura que muestra el juego a sus habitantes: el mínimo ropaje, la piel expuesta, la desnudez posible, los brazos abiertos al paisaje y sus estímulos.

Martín Güall Playa

La magia de quien es capaz de leer y extraer el mensaje implícito de un terreno, quien atiende a la topografía, a la tradición constructiva y la vegetación, pero tiene la sensibilidad de entender el genio del lugar. Quien puede hablar con el contexto, medir los vientos dominantes con el pelo, la humedad ambiental con la nariz. Quien mira el mar y lo vislumbra desde la ventana que va naciendo en su imaginación, y además es capaz de expresar con los muros el mismo idioma que la tierra.

Es esta una casa que sabe adentrarse en el sitio con sus propias características e integrarse lentamente con los perfiles de las montañas, con la calidez de los cielos, con la verde espesura.

La magia de quien conoce el secreto de los espacios sinceros y abiertos, de los tejados y la forma en que estos recorren sus sombras por la quietud de un tarde extensa.

Es esta una casa de horizontes y larguras, de mares y cielos que separan en dos tonos de azul una ventana, de paisajes de abundancia, de jardines ardientes. Su escala es la holgura, nada constriñe, las paredes terminan por desaparecer en pos del viento, los techos son altos y aireados, nada nos aprisiona, nada nos aplasta. La escala es grande, pero no grandilocuente, sus espacios son hechos en relación al alma humana no al tamaño del cuerpo, pero nada tienen de ostentosos, son mas bien sobrios, sencillos, están concebidos para desde allí admirar no para ser admirados, son nichos desde donde mirarlo todo y mirarnos dentro.

Rizo Toledo / Gónzalez Amutio Floresta

Este conjunto nos remite a la ilustre trinidad tapatía formada por Luis Barragán, Ignacio Díaz Morales y Rafael Urzúa. Gabriel Núñez formado en la escuela de arquitectura del ITESO fue cercano, tanto por cercanía física, como por el compartido lugar que la arquitectura tuvo en la vida de todos ellos.

Mantener y avivar la tradición es un regalo concedido a muy pocos. Mas que ser un seguidor que fuera fiel a la propuesta espacial y formal de estos tres maestros, Gabriel Núñez era un espíritu afín, un creador que concedía a la arquitectura un lugar trascendente en su ser y que vivía embelesado por las texturas, los colores, la luz, la escala, y la proporción. Aprendió en la piel que la arquitectura más que un oficio o inclusive una a forma de vida, es un perpetuo acto amoroso.

Esta obra tiene más de la fresca arquitectura popular mexicana que de la impuesta por modas y pretensiones. Son casas que nos regresan a la infancia, a la inocencia. No sólo porque de alguna manera es un proyecto candoroso, sino también porque es una obra que recupera en mucho los espacios seguros y acogedores donde, en nuestro recuerdo, transcurrió la parte primera de nuestra vida. Esto se logra por esa calidez como condición implícita de esta propuesta arquitectónica, la calidez como apuesta, como asidero. Se consigue también gracias al manejo de materiales y colores en diálogo placentero con la luz, en constante juego con la armonía que nace de las relaciones de apoyo que se brindad entre las casas, entre los espacios y volúmenes, la armonía, que más que una perseguida intención, es una resultante, un producto que se da de manera natural, como el paisaje que lo envuelve.

Núñez Salcedo Guadalajara

Esta obra denota la cualidad romanticista de Gabriel Núñez, más que un romántico, era un seguidor de aquellos artistas que unen de tal manera vida y creación que es imposible separa una de la otra. No es que Gabriel no tuviera una vida privada, es que su vida toda estaba imbricada en su trabajo creativo, el motor de su accionar cotidiano era la pasión que dejaba su más nítida huella en sus obras arquitectónicas.
Esta casa era su casa, el espacio donde comía, hablaba, se vestía y soñaba con la arquitectura. Era su bastión mas sólido, su refugio más cálido, su centro, su vida. La prolongación de sus pasiones, de sus querencias, de sus fantasías. El sitio que erigió para hacer una familia, donde plasmó sus sentidos, donde colgó sus cuadros, donde apiló sus libros.

Gabriel Núñez era un creador necesario, vital, por eso duele tanto su ausencia en los mapas de la arquitectura, porque es un insustituible, un individuo que en su muerte, se extingue una especie.

Plasencia Núñez Guadalajara

Casa madura de un joven arquitecto, aunque no exenta de la pasión que habrá de acompañarle en toda su obra, a esta le distinguen un sutil tono de seriedad, un apego de avezado aprendiz a los cánones y las reglas del buen componer, una serenidad de contenida energía, de quien se sabe brioso pero sin la necesaria experiencia, de quien tiene una extraordinaria confianza en su talento creativo pero sabe que aun no ha llegado el momento de romper los diques.

Es por tanto esta una casa de mesuradas líneas y apuestas seguras, de sensata sobriedad pero de logros estupendos. Estructurada, no sólo funcionalmente sino también simbólica y expresivamente, en torno a un espacio que sirve para albergar las escaleras pero que es también un receptor de luz y el habitáculo de un cerezo de cayena una muestra de la naturaleza en medio de las actividades cotidianas. Un árbol instalado en la vida del hogar, en el trajín del día a día, la constante búsqueda por conciliar a la arquitectura con la vegetación. Las reminiscencias del paraíso instaladas en el centro neurálgico de la casa.

Guillermo Coppel Guadalajara

Obra sencilla y que más que hablarnos de la urbe en que se sitúa, nos rememora las casas rurales, las haciendas mexicanas. El zaguán con su reja forjada, el aplanado de los muros, el guardapolvo de color, las alturas y amplitudes de los recintos, la terraza y sus techos. En general toda la casa más tiene que ver con una mirada al campo y sus nociones de hogar que con la híbrida e insensible arquitectura que en mayoría aplasta a las ciudades contemporáneas.

La casa es entendida como una expresión del habitante, de sus actividades, de su modo de vida y de sus rituales. Pero también es entendida a una nivel mas profundo, como una manifestación construida de los anhelos y de los deseos. El acierto de esta casa es ser fiel al arquitecto que la diseño, pero al mismo tiempo ser espejo y reflejo de los moradores que en ella hacen la vida. Esta condición vital de la casa como rostro y fachada, como espacio y alma de sus habitantes se nota en la relación que los clientes establecían primero con el arquitecto y después con la obra. Por la cercanía y la complicidad en el momento del diseño y la construcción y la posterior apropiación e identificación que los dueños hacen de los espacios y el que ésta se de sin sobresaltos, sin rupturas sino de manera fluida y armónica.

Rizo Toledo Guadalajara

La casa esta moldeada con la energía vital de los habitantes y de su autor. Creador apasionado, Gabriel Núñez concebía sus obras como quien sabe que al hacer arquitectura se trabaja no con concreto, acero y ladrillo, sino con el material más intangible, pero al mismo tiempo el más fuerte de los que tenemos, el material de los sueños. Construirse una casa es siempre un empeño para el cliente. No sólo invierte su dinero, su patrimonio en muchos casos, invierte también su tiempo, su energía y sus esperanza. La sinergia que se generaba al unir la tenacidad creadora del arquitecto y la fe de sus clientes daba por resultado obras habitables donde resulta un placer residir, donde los muros y los techos se magnifican al tamaño de los anhelos del habitante y de las proporciones en que los expresa el autor.

La vocación de esta morada es por la apertura; el comedor y la estancia se fundan en la cercanía con el jardín, se exteriorizan vinculándose con el afuera. Trabajada con materiales vivos como el barro y la madera en pisos, aplanados rústicos y techos de teja la casa es de una afabilidad y una espontaneidad que resultan en espacios sensiblemente hospitalarios y reconfortantes.

González Amutio Guadalajara

Moderada, con la virtud de quien no excede los límites del diseño: Como fabricada a mano, con el mismo cuidado de quien hace alfarería y sabe que lo importante es el recipiente en función de quienes irán a albergar el espacio. Libre de añadiduras y superficialidades. Esencial, limpia, nítida sin ornamentos que dificulten la lectura de las líneas que configuran el espacio.

Lugar para recibir los rayos del sol reflejados en la alberca, la terraza acristalada, cercana a la idea de invernadero, es el albergue en que la casa termina y empieza el jardín, o en donde se hacen uno, se complementan y se refuerzan. Hecha en base a desniveles que se aprovechan para ampliar la sensación de los espacios, se da una especial importancia al estar que se vislumbra medio nivel abajo del recibidor de ingreso. Las escaleras que distribuyen y arman las relaciones son además motivo para la expresión de lo que distingue el carácter de esta casa.
Sobria, honesta, decantada, hecha en buena lid, sin falsedades. Mas allá de los atavismos que imponen las modas y los desaciertos que marcan los estilos fugaces. Confiada en el paso del tiempo, sin miedo a envejecer, sin ansías de eternidad.

Plasencia Babú Guadalajara

La arquitectura es básicamente, como origen un paraguas, pero es también el lugar para la expresión humana, es paraguas y es sensaciones, es protección y es inspiración es el lugar del resguardo y el de la belleza. En una época en que la narco arquitectura y el peor colonial californiano pululaban como lo más destacado de la arquitectura en los amurallados fraccionamientos de Guadalajara, Gabriel Núñez, con algunos pocos mas, dio la batalla por una arquitectura, no sólo más nuestra, sino más viva, menos marchitas. Propuso casas como esta, donde el barro, el ladrillo, el cristal translucido y las formas sencillas y expresivas eran la apuesta. Casas donde la arquitectura es fiel al hombre y no una desfiguración de sus más distorsionadas pretensiones. Hoy sabemos tristemente que esa batalla la perdió, pero también sabemos que la volvería a dar mil veces y que la ciudad se ha vuelto una triste caricatura de sí misma. Esta casa muestra la tensión del autor, sus momentos más valiosos, tan lejanos de manifestaciones banales de decorativa simpleza. Frente a un mundo de insustanciales modas y de violentos ofrecimientos fútiles Gabriel Núñez muestra su fiera selección; en esta casa están los materiales, las texturas, las sensaciones, la luz, el viento, el cielo, las cosas de las que quiso acompañarse hasta el final.

Familia Flores Guadalajara

Entender las pulsiones vivificantes de los clientes, del sitio y convertirlas en el ritmo de una casa, en el sístole y el diástole que abre puertas y ventanas, que cobija en este imperceptible pero estimulante movimiento a sus moradores. Hacer de la arquitectura un instrumento para reforzar la vida, los modos de vida, los diversos sentidos que para un individuo puede tener el sentirse vital. Entender que la arquitectura está al servicio de los seres humanos, al servicio de la vida toda. Que lo que respira una casa ha de fluir por la sangre de sus habitantes, que los muros guardan historias vivas y son el resguardo de nuestras memorias, el asidero donde nos reencontramos con las voces de las gentes que ya no están, con los gestos que fuimos. Por eso la casa ha de ser hecha con la arcilla de quienes la habitaran.

El elemento que define esta obra es la terraza asentada con voluntad sobre una plataforma de piso de barro, terraza de sólidas proporciones que denota seguridad y prestancia, que sirve en planta alta como balcón mirador de la casa, recinto semi abierto que es el destino final del volumen a que se adosa.

Ahora que la arquitectura se ha convertido en un disfraz mas para no mostrar nuestro verdadero rostro. Ahora que el exterior ha sido satanizado y se han impuesto verdaderas murallas hacia la calle que vanamente intentan hacernos olvidar a nuestro entorno urbano, a nuestros semejantes. Ahora que la arquitectura se parece mas a una caja fuerte con flores de yeso, cuanto se extraña la amable relación que esta casa mantiene con su contexto, con la calle, con el transeúnte, con el vecino y la libertad sin miedos que genera en el habitante.