Guadalajara y el síndrome de tragedia

Publicado en TAPATIO, suplemento del periódico EL INFORMADOR. Guadalajara, Jalisco. México 2008

Por: Álvaro Morales

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Qué difícil es Guadalajara. Cómo coincidir con todos o, por lo menos con muchos y que esto nos lleve a hacer cosas a favor de esta noble y leal ciudad. O, cómo hacer algo trascendente y que obtenga el reconocimiento o por lo menos el consenso ciudadano. Quizá ese ser tan difícil de nuestra ciudad tiene que ver con la terrible ambigüedad y la doble moral que marcan y determinan a los tapatíos.

Guadalajara es una ciudad con mas tradición que visión, con mas pasado que futuro, con mas desatinos que destinos. Una ciudad tan clasista, tan llena de murallas, tan encerrada en sus miedos. Lujuriosamente puritana, perversamente católica, con mas zonas rojas que verdes. Dormida en sus marchitos laureles. Amable solo en el slogan. Gigantesca, hipocondríaca, mercantilista, privada de iniciativa, que cambia para no cambiar. Con una sociedad civil que actúa mas por berrinche que por conciencia ilustrada, adolescente en contra de todo por sistema, con unos medios críticos hasta el disparate y serviles hasta la deshonra, que confunden chisme con noticia, alarmismo con objetividad.

Una ciudad con tapatíos que bendicen al cambio mientras no se metan con su banqueta, con su calle, con sus rumbos, que son ecologistas hasta que no tiene un árbol enfrente que les tira basura; como si las hojas y las flores fueran comparables a latas y envases desechables.

Tampoco ayuda mucho el tener autoridades que se equivocan hasta cuando aciertan, que no importa lo bondadoso y útil de una idea o una acción ya que se presentan y explican a la comunidad tarde y mal, que siempre nacen politizadas y por lo mismo endebles. Autoridades que no creen ni en ellos mismos.

Esta es la Guadalajara que se niega y reniega de cualquier iniciativa, que protesta por las ciclo vías en la Avenida de la Paz y la vía recreactiva, que condena y suprime el Paseo Chapultepec, que repudia a los niños héroes con Ula ulas, que ahora se niega a Las Villas panamericanas en las inmediaciones del Parque Morelos, a los edificios altos, a las vías rápidas. Sobre todo que se niega a conocer el porque de las cosas.

Es evidente que un viaducto, una vía rápida en López Mateos es necesario, imprescindible, urgente. También es evidente que se ha implementado de mala manera, que esta Guadalajara monstruosa necesita vías rápidas que eliminen tiempos muertos, largas esperas, ineficiencias y reduzcan las emisiones de bióxido de carbono. Pero esto no es de ninguna manera incompatible con un eficiente sistema de transporte, con pasos seguros y agradables para los peatones, con ganar áreas verdes. Y esto lo podrían pagar los mismo vehículos, ¿o para que mejor uso se deberían emplear las enormes cantidades de dinero generadas por el pago anual de tenencias?. También resulta evidente que uno de los pocos caminos posibles para salvar Guadalajara tiene que ver con la redensificación, con cambiar el modelo urbano de ciudad dispersa por un modelo compacto, ya que resulta aun menos sustentable seguir devorando municipios que crecer hacia arriba. Pero esto tampoco justifica la terrible voracidad hacinadora de Horizontes Chapultepec, ni la alevosa carencia de un mínimo planteamiento urbanístico. Estos proyectos con un poco menos de ambición económica y mayor conciencia de hacer ciudad pueden ser legítimos generadores de vida urbana, que ese es el verdadero tema, en donde se debería centrar hoy día el debate, el gran tema no es ni siquiera la movilidad, es la Habitabilidad y el Espacio publico.

La propuesta del Ayuntamiento de Guadalajara de ubicar las Villas Panamericanas en el parque Morelos debe ser visto desde esta perspectiva. La controversia, bendita Guadalajara, se ha centrado en aspectos menores y resolubles, perdiéndose de vista la gran apuesta que significa; la intención mas allá de los drenajes y el tráfico, es la posibilidad de crear un proyecto generador de vida urbana, un detonador. Es la posibilidad de hacer ciudad, de complejizar el espacio y las relaciones ciudadanas entendiendo que la complejidad urbana consiste en el reconocimiento de la diversidad tanto cultural como de funciones y actividades, de redes técnicas y redes sociales, en la convivencia de eficiencia y pasión, de historias y anécdotas que deben compartir espacio con árboles, niños, faroles, autobuses, ancianos, bancas, coches y policías, de vivencias, recuerdos y amores que se enmarcan en calles, bares y plazas.

Pero complejizar la ciudad consiste también en la propuesta de integrar la mayor cantidad de actividades en entornos reducidos, de hacer barrios tendientes a la autosuficiencia, con usos mixtos del suelo, con desplazamientos cortos y de preferencia peatonales, donde se puedan realizar todas las actividades normales de la vida cotidiana, compras, recreo, esparcimiento, educación, culto en tu entorno inmediato.
La complejidad en la transformación del hábitat intenta tomar de la mano la vida urbana; desarrollar asentamientos compactos que no solo impacten menos al ambiente en términos de ocupación del suelo, sino que además sean consumidores de menor cantidad de energía y de recursos en desplazamientos y movilidad y de igual manera se compacte la emisión de residuos, las redes de abastecimiento, los equipamientos, y que de manera definitiva tengan una menor huella ecológica sobre el planeta. Por eso complejidad y sustentabilidad urbana son indisociables.

Es fundamental incorporar dentro de lo que se discute que la visión de la ciudad moderna y su centro histórico ha transitado hasta posturas menos ortodoxas; se ha diluido ese respeto pasivo y miedoso hacia el patrimonio, hacia el fantasma de los ancestros, se han impuesto relaciones mas amistosas, mas profundas, menos prejuiciadas, relaciones interactivas mas cercanas, de entendimiento y respeto, pero actuantes. Relaciones de esta contemporaneidad donde el patrimonio es posibilidad, es imagen en movimiento, es futuro, donde la conservación es uso, donde el reto es preservarlo vivo.

Estos son los temas y el alcance de los trabajos que deberíamos de plantearnos, esta es la gran posibilidad que brindan los juegos Panamericanos y sus villas. Esto es lo que decidimos; si queremos seguir viviendo la silente y letal la decadencia de nuestro centro y sus contadas áreas verdes o revertimos este proceso aprovechando las poquísimas oportunidades que tendremos como ciudad. Lo fundamental es empezar.