El problema de la vivienda, una cuestión de visiones.

Publicado en TAPATIO, suplemento del periódico EL INFORMADOR. Guadalajara, Jalisco. México 2007

Por: Álvaro Morales

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Es cierto que el problema de la vivienda en México es multicausal, que son muchos los factores que determinan el rezago y la poca calidad de la oferta. Es cierto también que cambian las administraciones y el problema sigue, es mas se acentúa. Y mucho tiene que ver que, como en otras tantas cosas, se sigue partiendo de visiones, de lógicas extendidas y aparentemente ciertas, pero que al posicionarnos desde otra perspectiva resultan obsoletas y absurdas y, que el modificarlas cambiarían en mucho las cosas a favor de los productos tan escuálidos que hoy ofrece el mercado de la vivienda.

La lógica de los mercaderes de vivienda es que todo lo que te ahorras es ganancia, los promotores darían su vida por esta certeza que tanto daño hace, pero porqué no pensar que todo lo que se gasta, se obtiene de ganancia, es decir entre mas le inviertes mas ganas.
Otra lógica implícita en este noble mercado es la inmediatez, el cortoplacismo, la mayor ganancia en el mínimo tiempo posible, mientras que entrarle al negocio de la vivienda debería implicar necesariamente una visión de largo plazo, una lógica de futuro.

Igualmente grave resulta la idea de hacer las cosas como siempre se han hecho, siguiendo los modelos y las normas sin experimentar, sin la posibilidad de crear nuevas formas y nuevas lógicas de cómo enfrentar, plantear, gestionar, financiar proyectar y hasta vender las nuevas viviendas en un tiempo nuevo. Se siguen usando en esencia las mismas metodologías y hasta los mismos modelos de vivienda – solamente que mas reducidos- que hace 30 años, en un mundo que mas nos vale pensar que ya cambio. Se eternizan las limitaciones, se perpetúan los errores.
Pero existen lógicas mas perversas; la del promotor que piensa que la gente de escasos recursos económicos es por definición de mal gusto, le gusta lo feo, son “nacos” y desde allí parten para sus proyectos, hacen fatídicos homenajes en largas hileras de casitas, a los peores manierismos, a la repetición infinita de fachadas sin sentido, ni armonía, sin sombra alguna de estética, sin el menor trazo de talento, sin la menor ética arquitectónica.

Y aquí llegamos a otra de las estrechas visiones que comparten la mayoría de los desarrolladores de vivienda, que esta sí parece de mala voluntad, la idea de que los arquitectos y su talento son prescindibles en este asunto. De que un abogado, un médico, un contador, un veterinario o un panadero puede dedicarse perfectamente al negocio de la vivienda. Es decir ahorrarse al profesional para hacer dinero y mas dinero sin importarle otra cosa, por eso es que tenemos lo que tenemos.

Lo anterior es simplemente un esbozo rápido que pretende reflexionar sobre el principio de que el problema de la vivienda sería menos si de verdad se tuviera la capacidad de dejar de lado las visiones y posturas habituales y se intentara una vuelta radical, un cambio de órdenes. Si se permitiera a todos los niveles experimentar mas y sin necesariamente ganar un poco menos. Si fuera una exigencia que solo los profesionales de la vivienda estuvieran dedicados al desarrollo de la misma. Si se sancionara firmemente lo inhumano, la falta de honestidad arquitectónica, la fealdad aberrante y repetida hasta donde nos alcanza la vista.